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  • Dori Pérez

¿Yo soy tú?

Si estás leyendo esto, nada es casualidad.

Me pregunto si YO SOY TÚ.

Quiero hablarte algo más sobre mí y algo me dice que vamos a tener mucho en común. Me encantaría saber algún día tu conclusión.

Te cuento, y así saldremos de dudas de si efectivamente, YO SOY TÚ.





Nada más nacer, ya me dieron una batuta demasiado pesada, con la que ahora estoy encantada (en breve verás el motivo). Era mi nombre: SALVADORA. Un bebé, una niña, una adolescente y una mujer que interiorizó ese nombre a más no poder. Y eso me creí, la persona que tenía que salvar a todos y todas las situaciones en las que me viera inmersa (más todas las que no me incumbían y yo también hacía mías).


Era la hija ejemplar, responsable, resolutiva. Era la perfecta (más bien perfeccionista) organizadora, trabajadora, gestora, resolutiva y mil cualidades más. Era, era, era… AGOTADOR. Con mi creencia de que tenía que salvar a todo el mundo, ahora viéndolo con perspectiva y realidad, acababa saturando más de la cuenta a los demás. Pobrecitos de ellos, ahora que lo pienso. Claro está que tener a una persona tan dadora disponible 24 horas, 365 días al año, les daba muchos beneficios, muy inteligentes ellos, pero en realidad no les era necesaria tanta insistencia por mi parte. Esos “a mí no me cuesta trabajo hacerlo por ti”, “yo lo hago porque me sale sin esfuerzo”, “déjame que te ayude” y otras perlas por el estilo, eran CARAMELOS ENVENENADOS que yo iba repartiendo a diestro y siniestro…


¡Ojo!, y nadie me pedía nada, era yo, que haciendo gala a mi “SALVADORA” de mi alma, pensé que si no salvaba, no valía, que si no me daba al 500% no era suficiente, que si pedía aquello que yo necesitaba era la persona más egoísta y exigente del planeta.


Te confieso que era un bucle que me pesa tan solo recordarlo. Un círculo vicioso de entrega desmedida, de espera infinita de recibir lo mismo (aunque siempre dijera “no, yo no necesito nada a cambio”), de frustración, de vacío, de sentir que tanto dar solo me daba una satisfacción momentánea que me salía demasiado caro.


Y eso de “DAR SIN ESPERAR A RECIBIR” lo llevaba por bandera, pero ¡qué mentirosa que era!, es la verdad. Claro que esperaba, reclamaba sigilosamente y me sentía muy sola cuando no lo recibía. Y ese TODO que yo necesitaba, nunca lo iba a recibir, nunca, a pesar de que tampoco nunca me ha faltado cariño, reconocimiento y apoyo, pero yo SIEMPRE NECESITABA MÁS.


Y doy GRACIAS de haberlo sentido así, de no haberme sentido satisfecha con TODO lo que venía de fuera, porque eso fue lo que me llevó a COMPRENDER QUE ME TOCABA ABRAZARME, escucharme, mimarme, aplaudirme y SALVARME YO, y solo YO.


Ahí comenzó la historia de la SALVADORA que entendió que no había llegado para salvar a nadie, sino a ella misma.



Cuando este camino de AUTOCONOCIMIENTO comenzó, empezaron a pasar cosas mágicas. Para empezar, mis relaciones empezaron a fluir de otro modo, desde el no reclamo, desde el “quiero estar contigo” y no desde el “tengo que estar contigo”. Conecté con mi intuición que siempre me había estado hablando y nunca la había escuchado con tantas prisas y ruido. Salí del “pobrecita de mí” para pasar al “ahora me toca a mí cuidar de mí”. Dejé de agotar a los demás con esos infinitos “yo te ayudo” para saborear el “Dori, vamos juntas a por ello”.


Los que se quedaron en mi camino, se quedaron más relajados, sin presiones, sin ser mirados con esa lupa que siempre llevaba a cuestas. Los que se fueron, lo hicieron libres. Ya no quería retener a nadie, ya NO LO NECESITABA, porque ya empecé a sentirme SIEMPRE ACOMPAÑADA…, por mí.



Hay mucho más que seguro que te hace identificar si YO SOY TÚ o no.

Poco a poco lo iremos viendo…


Si te apetece, comparte tu opinión aquí abajo o si lo prefieres, escríbeme y "te escucho" por privado.

Y si estás pasando por algo similar y no sabes hacia dónde ir, puedes ponerte en contacto conmigo y estaré encanta de acompañarte hacia tu nueva vida...


#autoestima #tumejorversion #autoconocimiento #teacompañoatunuevavida

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© 2020 Dori Perez. Creado por Virginia Mallén.